Al pie del cañón a lo largo de la batalla silenciosa

El sargento primera clase Arier Santiago y el mayor Dan Castro participan en una sesión de oración en una iglesia en Puerto Principe. (DoD Photo)
En medio del calor caribeño y los angustiantes pedidos de alimento, agua y refugio que resuenan en sus oídos, el Mayor del Ejército de los Estados Unidos Rob Schultz y sus botas cubiertas de polvo circulan por las empinadas calles de Puerto Príncipe, Haití, tal como lo han hecho durante los pasados veinte días.
Como Jefe de Operaciones de Información de la Fuerza de Tarea Conjunta en Haití, se acostumbró a involucrarse en la comunidad local para evaluar las necesidades del pueblo haitiano luego del sismo que el 12 de enero casi destruyera por completo la ya empobrecida ciudad.
A pesar del del mercurio ascendente en el termómetro, el llanto continuo y los días interminables, el Mayor Schultz continuó su misión.
En este día, él y sus dos compañeros de equipo, el Mayor Dan Castro y el Sargento de Primera Clase, Arier Santiago, se hallaron prestando ayuda en un punto de distribución de alimentos, ayudando a mujeres haitianas a llevar las bolsas de arroz asignadas de 55 libras. Mientras interactuaban con la población local, divisó un grupo de hombres que trabajaban en un lugar sobre una colina.
Se trataba de un programa de dinero por trabajo iniciado por la USAID. El Mayor Schultz vio esto como una oportunidad para observar la efectividad del flamante programa establecido.
A medida que avanzaba cuesta arriba, el firme y ruidoso golpe de palas y martillos contra las rocas fue creciendo. El hedor nauseabundo de la carne en descomposición y la gangrena persistían fuertemente en el aire. Inspeccionando la escena, pasando sobre el vidrio de colores roto y los escombros de una iglesia adyacente, bajó la vista y observó una hilera de pequeños cuerpos alineados frente a una pared en esquina de piedra.
Atrás, los delgados, cansados hombres haitianos y, nuevamente, las pequenas bolsas con cuerpos. La situación era clara. Este no era un programa de dinero a cambio de trabajo.
Los cadáveres eran niños que habían perecido y los hombres que trabajaban allí trataban de dar sepultura a sus pequeños.
“Había más de cien niños que habían fallecido”, expresó el Mayor Schultz. “Cerca de la escuela había familias que trataban de retirar los cuerpos de sus niños para darles sepulturas. Al momento en que aparecí, los padres justo entraban a una aula aplastada desde el primer piso y estaban retirando los cuerpos de siete niños”.
Los suspiros y demás sonidos provocados por esa experiencia son cosas que él y su compañero nunca olvidarán.
“Todos hemos tenido experiencias con la muerte y la destrucción a lo largo de nuestra carrera, pero sé qeu nunca había vivido algo así anteriormente”, dijo el Sargento Arier Santiago “El hecho que fueran niños, más allá de toda esta catástrofe, lo convirtió aún más en una tragedia”.
Los soldados hicieron lo único que podían hacer: rezaron junto a las familias de duelo. No obstante, junto con la devastadora e inconsolable tristeza que sentían aquellos que habían perdido a un hijo, pudo atisvarse un rayo de fortaleza y esperanza.
“Hablé con una abuela haitiana que se había pasado todos los días en el lugar durante el mes pasado, esperando hallar los restos de tres nietos”, expresó el Mayor Schultz. “Dejó su dolor y sufrimiento de lado por un momento para dirigirse a mí , para abrazarme y agradecerme, para agradecer a los Estados Unidos, diciendo “Dios bendiga a los Estados Unidos”.
“No existe encuesta, ni entrevista profunda, nada más fuerte que esas palabras de inspiración que te hacen preguntarte por qué los Estados Unidos están aquí. Es el por qué estamos hacienda lo que hacemos aquí y por qué necesitamos continuar con este esfuerzo”.
Y de un modo en el que solamente un soldado dedicado puede hacerlo, el Mayor Schultz continuó haciendo lo que necesitaba hacer como líder militar, siguiendo el credo ampliamente obedecido por el Ejército: colocar en máxima prioridad a la misión y a la gente, siempre.
“Cuento con cuatro giras de combate: dos en Irak y dos en Afganistán”, manifestó el Mayor Schultz. “He presenciado más sufrimiento y destrucción aquí en Haití que en todas las giras de combate juntas. No obstante, también hemos apreciado a un pueblo entrañablemente luchador en Haití. Al saber esto, continuaremos realizando nuestras tareas. Ayudaremos a restaurar la esperanza, la fe y la solidaridad que hacen de los haitianos un pueblo tan orgulloso y resistente”.


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